Lloro porque puedo
Lloro, lloro ahora lo que no lloré jamás. Lloro porque mi papá más de una vez me dijo que me iba a quedar sola porque soy una loquita, y lloro porque se que me amaba, y yo lo amaba, y el no entendía y yo aguantaba.
Lloro por esa vez que iba por la calle con mi mamá y le gritaron que entregara a la nena “sospechosa”. Ese día entendí que significaba, porque ni yo me había familiarizado con mi propio cuerpo que cambiaba. Lloro porque ese día no sentí vergüenza, sentí culpa, por llamar la atención y porque el “halago” era para mí, y no para ella, a la que en ese momento veía como la mujer más hermosa del mundo.
Lloro por aquella vez que ese noviecito, mayor que yo, que admiraba y creía un referente, me pidió que tome pastillas anticonceptivas siendo chiquita, para tener más placer, y me dejó a la semana de empezar a tomarlas. Me dejó por otra con la que había empezado a salir al mismo tiempo que conmigo. Me dejó mientras tomaba la pastilla, a las nueve de la noche, sin ninguna explicación.
Lloro por ese tipo que en ese boliche me pedía que me bese con mi amiga para calentarlo, y que me prometía que si lo hacía, me iba a dar bola. Lloro por las veces que me tocaron el culo mientras bailaba y sentía que me lo merecía por estar ahí.
Lloro por aquella vez en que subida a un taxi, el conductor cambió de recorrido y cuando le pregunté por qué lo hacía, estiró su mano y me tocó la pierna diciéndome “quédate tranquila”. Me bajé con el taxi en movimiento durante la noche, sin saber donde estaba, y sin entender si me daba mas miedo quedarme en el auto o afuera.
Lloro recordando esa vez que iba con un grupo de cinco amigos varones, éramos chicos, muy chicos y dos tipos se bajaron de una moto para robarnos. Me agarraron a mí, me pusieron una navaja en la garganta. A mi podían hacérmelo, a los otros cinco no. Porque eran hombres y yo mujer.
Lloro por ese novio que durante 4 años jamás me dijo te amo, y cuando me senté para explicarle que yo, que si lo había amado, ya no lo sentía más, me dijo que era una negrita de mierda que no estaba a su altura.
Lloro por esa vez que le preguntaron si tenía pensado convivir conmigo y respondió “ni loco”. En pleno cumpleaños de amigos, entre personas que no había visto en mi vida. Y me sentí desnuda y rota. Lloro porque se lo dije al volver, y lloro porque se enojó.
Lloro por los test de embarazo que me hice en los baños de Mc Donalds, con miedo, aprendiendo a hacérmelos sola, mientras el chico en cuestión me decía que exageraba, que era una loca. Sos una loca, una y otra vez, sos una loca.
Lloro por ese jefe que cada mañana me miraba las tetas, que me pedía que sirva el café con simpatía y sin hablar tanto. Y me echó, mirándome las tetas, siendo fiel a los tres años en los que trabajé para él, en los que, muchas veces, me hacía dar la vueltita para festejarme el atuendo.
Lloro por aquella vez que ese novio me pidió que su amigo borracho se quedara a dormir, y entró a la habitación para sacarme fotos desnuda y las mandó al grupo de whatsapp de sus amigos. Lloro porque me pidió que entendiera su estado y lo dejara quedarse, y lloro porque sin quejame acepté.
Lloro porque fui la loca, la posesiva, la bruja, la hincha pelotas, y yo sabía que no lo era. Pero cuando vivís en un sistema en el que vos, por el simple hecho de existir mujer, sos todo eso por default, no importa cuanto te quejes, no importa cuanto aclares que no lo sos. Lo sos y te lo hacen creer.
Lloro por todos esos días de charlas de whatsapp con pibes que me gustaban, que buscaban durante semanas charlas profundas para que acepte una salida y después de la primera vez me escribían solo para decirme que tenía ganas de volver a garchar. Así sin más. Lloro porque tuve que pelear conmigo mil veces para no creerme que eso era lo único que tenía para dar, para lo único que servía.
Lloro por aquella vez que fui a denunciar violencia y me preguntaron que hice para generarla, que me dijeron que simplemente no le de más bola a quien, todavía, me violenta.
Lloro por cada destrato, por cada vez que pedí una explicación y se excusaron en que soy sensible y no aguanto que me digan las cosas sin que me ponga a llorar. Lloro porque ahora entiendo que la sensibilidad no se cobra, se defiende.
Lloro porque después de todo esto, y tantas otras cosas que se vuelven incuantificables, todavía se enojan si me enojo. Todavía esperan que cuide las formas, que hable educadamente y pida las cosas con prolijidad. Lloro porque por ser mujer, creen tener derecho a decretar sobre vos, la opinión que consideran autorizada. Porque te encasillan y te piden siempre más.
Y lloro ahora porque puedo llorar todo lo que no podía. Porque ahora no estoy sola y no lo vamos a estar nunca más. Ahora podemos llorar lo que la historia nos negó, y no porque nos lo brindan, sino porque se lo arrebatamos a este sistema cínico y patriarcal, que intenta hacerte sentir culpable de ser. Lloro ahora para no llorar más. Porque somos muchas, y porque el futuro recién arranca.
para las que creían que era amor y aguantaban
para las que no llegaron a gritar
para todas a las que les hicieron creer que tenian la culpa
para las que no fueron escuchadas
para las que no entendían lo que pasaba
para las que tenían miedo
para las que todavía lo tenemos y para las que todavía no entienden
para todas las pibas que dijeron que no
y para las que fueron obligadas a decir que si
para las que te dan la mano
las que te creen,
por las que estamos y por las que ya no están
para las que callan
para las que ya no pueden hablar
y para las que gritan por todas las demás!
si no se cae, lo vamos a tirar
#miracomonosponemos 💚✊





